Leyenda del paraiso

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El mito del paraíso
El poeta inglés John Milton (1608-1674) reelabora los mitos bíblicos del paraíso y la creación del universo, recurriendo en varias ocasiones a la imagen del espejo: descubrir el mundo significa también verse y reconocerse.
Fragmento de Paraíso perdido.
De John Milton.
Del discurso de Eva á Adán (Del libro iv.)
«Oh tú, para el que y del que fuí formada,
carne yo de tucarne, y sin quien fuera
sin blanco mi vivir; tú, guía mía,
cabeza mía: justo y razonable
es lo que has dicho: le debemos cierto
toda alabanza y gratitud eterna,
y sobre todo yo, cuya ventura
es muy más alta, porque á ti te gozo,
que tienes dones tantos privativos,
incomparables. Rememoro siempre
el día que, del sueño, vez primera
desperté y en umbría sobre flores
me hallé, yatónita me pregunté dó estaba
quién era yo y por quién traída y cómo.
No muy lejos de allí, de entre una gruta
un arroyo brotaba murmurante;
y derramado en líquida llanura,
quedaba luego inmóvil y tan puro
cual la celeste bóveda. Aquí vine,
de mi inexperta mente conducida;
y en la ribera verde reclíneme
á mirar dentro al lago cristalino:
el cual me pareció otro firmamento.Inclinéme á mirar, y una figura
he aquí se muestra frente á mí de pronto
dentro al fulgor del agua é inclinada
para mirarme á mí: volví me atónita :
atónita volvióse; pero luego
tornar me plugo: á ella tornar le plugo,
con mirar de entendida simpatía
y amor. Fijos los ojos hasta ahora
en ella yo tuviera allí, de vano
anhelo lánguida, si tal acento
no oyera de advertencia: ‘Eso quemiras
que ahí mirando estás, bella criatura,
eres tú misma: va y viene contigo.
Mas ven, y yo te llevaré do sombra
no se alce el ser –de quien imagen eres,
de quien has de gozar, por siemprer tuyo.’–
Y te encontré: bello y gentil como eres.»–
La creación. (Del libro vii.)
El cielo abrió sus eternales puertas,
de par en par, y armónicas sonaron
sobre sus goznes de oro: y pasodieron
al rey de gloria, en su potente Verbo
y Espíritu, viniendo nuevos mundos
á crear. Se detuvieron en el borde
del cielo firme y desde allí miraron
el anchuroso, inmensurable abismo,
violento, cual océano, y obscuro,
y desierto, y bravío, y agitado,
de arriba abajo, por rabiosos vientos
y olas turgentes, que los cielos altos,
subían á escalar, como montañas,
y con el centroá confundir los polos.
«¡Silencio, ondas furiosas! y tú, abismo,
sosiega tus confines discordantes!»
el Verbo omnicreante entonces dijo;
ni se detuvo, sino, alzado en alas
de querubes, voló, con patria gloria,
por entre el caos lejos, por el mundo
aun no nacido: oyó su voz el caos.
Á ver la creación y los portentos
de su poder seguíale su corte
toda, en falanges rútilas,sublimes.–
«¡Sea la luz!» Dios dijo: y al instante
la etérea luz, el ser creado primero,
la quinta esencia pura, fue brotando
de los abismos y empezó su giro,
desde su propio oriente, por en medio
de las aéreas sombras, como nube
esférica radiante –el sol aun no era–
y en nublo-pabellón por tiempo.–
Dijo Dios: «Congregaos en un sitio
hora, aguas de los cielos, y aparezca
tierraárida: y al punto aparecieron
surgiendo las montañas poderosas;
y sus anchas laderas nudas hienden
á las nubes, su cima al cielo toca.
Y cuanto suben sus turgentes cumbres,
tanto se bajan cóncavas honduras
abriendo lechos de aguas dilatados,
y se hunden anchurosas y profundas.
Á ellos las ondas, con alegre prisa,
rodando precipítense, cual gotas
que la aridez congloba en medió alpolvo.
Unas en muro de cristal se yerguen;
otras, en su presura, rectas saltan:
que fuga tal imprime á la carrera
de sus corrientes el mandato grande.–
Y dijo Dios: «Reptiles brote el agua.»–
y al punto bullen golfos, mares, toda
cala y bahía en seres; y millones,
con sus aletas y fulgente escama,
bajo las verdes ondas se deslizan;
en cardúmenes tantos, que á ýnenudo
bancan el...
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