Los brujos de ilamatepeke

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El 4 de abril de 1843, a las cuatro de la tarde, fueron fusilados en la plaza pública del municipio de Ilamatepeque o Ilama, departamento de Santa Bárbara, Cipriano y Doroteo Cano. Ambos habían sido acusados de ejercer la magia entre las gentes del pueblo y de tratarse con el Demonio, por lo cual tenían la capacidad de convertirse en animales para efectuar sus desafueros contra los lugareños, asícomo de introducirles tortugas en el estómago a sus enemigos para matarlos. Las acusaciones fueron presentadas ante la augusta autoridad pueblerina, el alcalde Gervasio Lázaro, quien, instigado por los notables de la comarca, sobre todo el señor cura, les formuló un juicio sumarísimo y los llevó al paredón de fusilamiento. La sentencia, desenterrada en 1901 por el escritor Tobías Rosa, incluía nosólo la supresión de la vida de los "réprobos" y "herejes", sino también el escarnio de sus cadáveres en las calles del villorrio. Asimismo, para enseñanza de los habitantes de la comarca, el documento ordenaba propinarles cien zurriagazos a quienes eran considerados como discípulos de los "brujos" en una escuela que éstos habían organizado con el fin de alfabetizar a sus coterráneos.

Como erade esperarse en un pueblo remoto de la Honduras del siglo XIX, aquella bárbara sentencia se ejecutó al pie de la letra, sin cambiarle ninguna tilde. Un ilamatepequense honesto y sensato que, bebiéndose el aire, fue hasta la cabecera departamental para poner en conocimiento de las autoridades superiores la ejecución de tamaño desaguisado, no pudo llegar ni volver a tiempo para impedir el crimen.Cuando la comisión nombrada al efecto se hizo presente en llama con el propósito de exigir la entrega de los prisioneros, éstos se encontraban ya bajo tierra en una colina de las proximidades, aledaña a la majestuosa corriente del río Ulúa. A causa de eso, y en vista de que se trataba de un crimen colectivo, todo el pueblo devino enjuiciado como homicida. Fue hasta enero de 1847, cuando, gracias alas diligencias del representante de Santa Bárbara en el Congreso, Saturnino Bográn, dicho expediente fue suspendido bajo la tesis de que fueron la "ignorancia" y la "superstición" las principales promotores del asesinato. Por supuesto, el Decreto respectivo contiene una seria advertencia para los aldeanos: "si bien el Soberano Cuerpo ha podido inclinar su paternal benevolencia para apartarlos delcondigno castigo a la ejecución de un hecho que la ley condena, es precisamente con la condición de sucesiva enmienda y de la formal protesta de vivir subordinados y sometidos a su rígida y puntual observancia".

Sin embargo, el asesinato de aquellos campesinos de Ilama no fue exactamente el producto de la "ignorancia" y la "superstición", como piadosamente estableció la Cámara de Diputadospara decretar el indulto en favor de todo el municipio. Ignorantes y supersticiosos eran, sin duda alguna, amplios sectores de aquel pueblo, pero no puede afirmarse otro tanto del alcalde, Gervasio Lázaro; el escribano, Juan A. López; el cura y los jefes de las principales familias de la comarca. Estas personas conocían las ideas democráticas y revolucionarias de los encausados, dada la participaciónde los mismos en el ejército de Morazán, y, como entonces se vivía lo que Ramón Rosa llamó "el triunfo de las fuerzas inquisitoriales", aquellos hombres estaban condenados a morir para expiar el crimen de haber seguido a su jefe en el intento de transformar las caducas instituciones sostenidas por la aristocracia centroamericana y los sectores más recalcitrantes de la iglesia. La ignorancia y lasuperstición fueron solamente el instrumento de aquel asesinato, pero detrás de ellas estaba la acción consciente de los enemigos de la causa morazanista. Por eso, el último considerando de la brutal sentencia, dice: "que, según los informes dados por los mismos Cano, han acompañado en sus correrías de Gualcho, La Trinidad, San Pedro Perulapán, Guatemala y Costa Rica al bandido de Chico Morazán,...
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