Los medios de impugnación en materia pernal

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MARCOS AGUINIS

Cantata de los diablos

N O V E L A

EDITORIAL PLANETA BARCELONA

© Marcos Aguinis, 1972
Editorial Planeta, S. A., Calvet, 51-53, Barcelona (España)

Sobrecubierta: Olivé Milián

Primera edición: Noviembre de 1972

Depósito Legal: B. 45961 - 1972

Printed in Spain - Impreso en España

TalleresGráficos «Dúplex, S. A.», Ciudad de la Asunción, 26-D, Barcelona

Él deseaba volver a imponer la caballería en decadencia; yo, por el contrario, deseo fervientemente aniquilar lo que de ella ha sobrevivido hasta mis días, y esto por motivos totalmente distintos. Mi colega confundió los molinos de viento con gigantes. Yo, por el contrario, sólo veo molinos de viento vociferantes en nuestroscolosos modernos. Él confundió un odre de vino con un mago astuto; yo sólo veo odres de vino en nuestros magos modernos. Él confundía cada posada para mendigos con un castillo, cada montador de burro con un caballero, cada moza de establo con una dama de la corte. Yo, por el contrario, veo nuestros castillos como posadas disfrazadas; veo a nuestros caballeros como montadores de burros y a nuestrasdamas de la corte como mozas de establo. Así como él confundió una farsa de títeres con un asunto de estado, yo también tomo nuestros asuntos de estado por una deplorable farsa de títeres.

Enrique HeinE

MANE

Utopía y ciencia se disputarán siempre
el alma del socialismo. Pero la ciencia
puede cambiar cada treinta o cincuenta
años, mientras que la utopía puede
sobrevivir a losmilenios, puede durar
cuanto dure la inquietud en el corazón
humano.

IGNACIO SILONE

CAPITULO PRIMERO

Escuadrillas de aviones oscurecieron el cielo arrojando pequeños cubos forrados con pétalos impermeables. La gente de las ciudades y aldeas corrió a las calles y a los campos para recogerlos. Despedían un aroma intenso y embriagador, provocando sensación de bienestar. Loshombres los regalaron a las mujeres, los niños a sus padres y los vecinos entre sí, con entusiasmo y rebumbio. En pocos días los habitantes del país se repartieron solidariamente millones de cubos perfumados. Los sacerdotes y los idealistas se regocijaron al contemplar esa sorprendente y espontánea distribución.
Algunos guardaron el objeto prodigioso en un bolsillo, otros en la caja fuerte.Quienes deseaban conservar sus poderes aromáticos lo sometieron a variados procesos. Mas pronto llegaron las instrucciones: debe ser fijado sobre la nariz. La propuesta insólita originó risas; pero los jóvenes encontraron un motivo para quebrar rutinas y se calzaron el cubo sobre la cara, donde quedaba confortablemente instalado como si su diseño hubiera previsto esta eventualidad. Los comentarios dereproche mantuvieron un tono de jocundia y pronto los adultos y ancianos, entregándose al travieso alborozo que recorría el país, también se pusieron el cubo sobre la nariz. Parecemos rinocerontes, dijo alguien; yo diría payasos; yo más bien extraterrestres. Somos hombres nuevos, voceó un líder: y cundió la frase.
El cubo lanzaba continuos efluvios aromáticos tonificantes. En las fábricas,en las oficinas, en las aulas, en los establecimientos rurales, se estaba produciendo una revolución energética: los humanos se sentían animosos para trabajar.
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Esa nutrición olfativa, que apelaba al sentido más antiguo y casi atrofiado de la especie, fortalecía los centros básales del encéfalo y desde allí repercutía sobre todo el cuerpo. Al principio los usuarios se quitaban loscubos cuando se acostaban y al lavarse el rostro; pero el sueño era más reparador aspirando su aroma y algunos olvidaron sacárselos hasta para higienizarse. Su envoltorio impermeable no sufría deterioro alguno. En pocas semanas todo el país decidió voluntariamente dejarse siempre puesto el maravilloso obsequio con el que regaron al país aquellos aviones, más abundantes que las nubes de lluvia...
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