Vanguardia

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  • Publicado : 23 de marzo de 2011
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Los hechos
El Priorato de Sión —sociedad secreta europea fundada en 1099— es una organización real. En 1975, en la Biblioteca Nacional de París se descubrieron unos pergaminos conocidos como Les Dossiers Secrets, en los que se identificaba a numerosos miembros del Priorato de Sión, entre los que destacaban Isaac Newton, Sandro Boticelli, Víctor Hugo y Leonardo da Vinel. La prelatura vaticanaconocida como Opus Dei es una organización católica de profunda devoción que en los últimos tiempos se ha visto inmersa en la controversia a causa de informes en los que se habla de lavado de cerebro, uso de métodos coercitivos y de una peligrosa práctica conocida como «mortificación corporal». El Opus Dei acaba de culminar la construcción de una de sus sedes, con un coste de 47 millones dedólares, en Lexington Avenue, Nueva York. Todas las descripciones de obras de arte, edificios, documentos y rituales secretos que aparecen en esta novela son veraces.

Prólogo
Museo del Louvre, París.
10:46 p.m.
Jacques Saunière, el renombrado conservador, avanzaba tambaleándose bajo la bóveda de la Gran Galería del Museo. Arremetió contra la primera pintura que vio, un Caravaggio. Agarrando elmarco dorado, aquel hombre de setenta y seis años tiró de la obra de arte hasta que la arrancó de la pared y se desplomó, cayendo boca arriba con el lienzo encima. Tal como había previsto, cerca se oyó el chasquido de una reja de hierro que, al cerrarse, bloqueaba el acceso a la sala. El suelo de madera tembló. Lejos, se disparó una alarma. El conservador se quedó ahí tendido un momento, jadeando,evaluando la situación. «Todavía estoy vivo.» Se dio la vuelta, se desembarazó del lienzo y buscó con la mirada algún sitio donde esconderse en aquel espacio cavernoso. —No se mueva —dijo una voz muy cerca de él. A gatas, el conservador se quedó inmóvil y volvió despacio la cabeza. A sólo cinco metros de donde se encontraba, del otro lado de la reja, la imponente figura de su atacante le mirabapor entre los barrotes. Era alto y corpulento, con la piel muy pálida, fantasmagórica, y el pelo blanco y escaso. Los iris de los ojos eran rosas y las pupilas, de un rojo oscuro. El albino se sacó una pistola del abrigo y le apuntó con ella entre dos barrotes.

—No debería haber salido corriendo. —Su acento no era fácil de ubicar—. Y ahora dígame dónde está. —Ya se lo he dicho —balbuceóSaunière, de rodillas, indefenso, en el suelo de la galería—. ¡No tengo ni idea de qué me habla! —Miente. —El hombre lo miró, totalmente inmóvil salvo por el destello de sus extraños ojos—. Usted y sus hermanos tienen algo que no les pertenece. El conservador sintió que le subía la adrenalina. «¿Cómo podía saber algo así?» —Y esta noche volverá a manos de sus verdaderos custodios. Dígame dónde la ocultany no le mataré. —Apuntó a la cabeza del conservador—. ¿O es un secreto por el que sería capaz de morir? Saunière no podía respirar. El hombre inclinó la cabeza, observando el cañón de la pistola. Saunière levantó las manos para protegerse. —Espere —dijo con dificultad—. Le diré lo que quiere saber. Escogió con cuidado las siguientes palabras. La mentira que dijo la había ensayado muchasveces... rezando siempre por no tener que recurrir a ella. Cuando el conservador terminó de hablar, su atacante sonrió, incrédulo. —Sí, eso mismo me han dicho los demás. Saunière se retorció.
—¿Los demás? —También he dado con ellos —soltó el hombre con desprecio—. Con los tres. Y me han dicho lo mismo que usted acaba de decirme. «¡No es posible!» La identidad real del conservador, así como la desus tres sénéchaux, era casi tan sagrada como el antiguo secreto que guardaban. Ahora Saunière se daba cuenta de que sus senescales, siguiendo al pie de la letra el procedimiento, le habían dicho la misma mentira antes de morir. Era parte del protocolo. El atacante volvió a apuntarle. —Cuando usted ya no esté, yo seré el único conocedor de la verdad. La verdad. En un instante, el conservador...
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