Variables politicas y social

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La variable política
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ÁLVARO DELGADO-GAL
Miércoles , 14-04-10
Somos propensos a pensar en las crisis económicas como se piensa en el tiempo. Quiero decir, en el tiempo meteorológico. Consideren ustedes, por ejemplo, una sequía. Se declara la sequía, deja de llover durante dos años, y por fin el cielo abre otra vez las compuertas y fecundala tierra baldía. Todo vuelve a ser como antes, con el retraso, o el inciso, de los dos años sin lluvia. Pero las crisis largas no son así. No vienen y se van sin dejar más rastro que algunas industrias quebradas y tantos o cuantos millones de prejubilados. Las crisis largas, las largas de verdad, cambian a la gente, a los políticos, y a las instituciones. El cambio, a veces, se produce porreducción al absurdo: lo que funcionaba mal, empieza, sencillamente, a no funcionar. Otras veces la crisis es genuinamente creadora y alumbra monstruos -y también soluciones- por entero originales. ¿En qué situación nos ha colocado la crisis a los españoles o, generalizando, a los terrícolas de estos comienzos del tercer milenio? Todavía es pronto para hacer diagnósticos cataclísmicos, aunque no paraseñalar que el asunto ha desbordado el perímetro de las crisis menores y que nos enfrentamos a un futuro quizá inédito. Formularé este barrunto recalando en tres episodios diversos, tanto por su magnitud como por su localización geográfica.
Empiezo por la Unión Monetaria Europea. La mejor manera de comprender el invento, es recordar el mito de Pasífae, la princesa que se ayuntó con un toro blanco. Laprincesa es el proyecto ilustrado y filantrópico de una Europa pacificada y unida. El toro, la voluntad francesa de atar corto a Alemania. El Minotauro, es la propia Unión. Me encontraba en Francia cuando alcanzó su clímax el debate sobre el Tratado de Maastrich. L`idée fixe, la obsesión que campaba por toda la prensa, así de izquierdas como de derechas, era la necesidad de neutralizar a Alemania,recientemente acrecida por su costado oriental, enjaretándole una divisa que los franceses pudieran controlar en alguna medida. Alemania pasó por las horcas caudinas: terminó renunciando al marco en favor del euro. La historia no es una idea en movimiento sino el precipitado de compromisos en ocasiones incongruentes, y nada impedía en principio que de un pacto entre partes recíprocamenterecelosas pudiera surgir algo tan formidable como una futura unión política. Nada lo impedía, lo repito, aunque el arranque resultara, por así decirlo, un pelo chungo. Sea como fuere, se echaron las firmas que había que echar y se adornó esa decisión trascendente con una rúbrica o consigna: la consigna era que las economías habrían de converger en vista de que la moneda única no les dejaba otraalternativa. Al son de esa consigna también España entró en el euro, con resultados muy buenos en el corto plazo. Después ha venido el tío Paco con las rebajas. En efecto, las naciones no han convergido, sino que han divergido. Entre el 2000 y el 2008, los costes laborales unitarios han crecido en Alemania un 1%, en Francia un 18%, en España un 27%, y en Italia un 32%. Hablando en plata: Alemania haaumentado enormemente su competitividad relativa. De resultas, está arrasando en los mercados europeos, máxime, en los del sur. Para colmo éstos, en proporción no desdeñable, adquieren productos alemanes con crédito alemán. La exacerbación del fenómeno nos viene dada por Grecia, cuya deuda, agigantada por la crisis, alimenta los activos de los bancos franceses y alemanes. ¿Cómo salir del enredo? Desdelas páginas del Financial Times, Martin Wolf increpa a los alemanes para que ahorren menos y consuman más; desde París Christine Lagarde, ministra de Economía, pide a Merkel que suba los sueldos y modere la competitividad de sus conciudadanos.
El problema, probablemente, no tiene solución. El desnivel entre Grecia -y no sólo Grecia-, y Alemania es tal, que la permanencia de ambos en la misma...
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