Historia

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EL TERCER MUNDO Y LA REVOLUCIÓN

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La revuelta estudiantil de fines de los sesenta fue el último estertor de la revolución en el viejo mundo. Fue revolucionaria tanto en el viejo sentido utópico de búsqueda de un cambio permanente de valores, de una sociedad nueva y perfecta, como en el sentido operativo de procurar alcanzarlo mediante la acción en las calles y en las barricadas, conbombas y emboscadas en las montañas. Fue global, no sólo porque la ideología de la tradición revolucionaria, de 1789 a 1917, era universal e internacionalista —incluso un movimiento tan exclusivamente nacionalista como el separatismo vasco de ETA, un producto típico de los años sesenta, se proclamaba en cierto sentido marxista—, sino porque, por primera vez, el mundo, o al menos el mundo en el quevivían los ideólogos estudiantiles, era realmente global. Los mismos libros aparecían, casi simultáneamente, en las librerías estudiantiles de Buenos Aires, Roma y Hamburgo (en 1968 no faltaron los de Herbert Marcuse). Los mismos turistas de la revolución atravesaban océanos y continentes, de París a La Habana, a Sao Paulo y a Bolivia. Era la primera generación de la humanidad que daba por supuestaslas telecomunicaciones y unas tarifas aéreas baratas; los estudiantes de los últimos años sesenta no tenían dificultad en reconocer que lo que sucedía en la Sorbona, en Berkeley o en Praga era parte del mismo acontecimiento en la misma aldea global en la que, según el gurú canadiense Marshall McLuhan (otro nombre de moda en los sesenta), todos vivíamos. Y, sin embargo, esta no era la revoluciónmundial como la había entendido la generación de 1917, sino el sueño de algo que ya no existía: muchas veces no era otra cosa que la pretensión de que, comportándose como si hubiera efectivamente barricadas, algo haría que surgiesen, por magia simpática. O incluso, al modo en que un conservador inteligente como Raymond Aron describió los «sucesos de mayo de 1968» en París, no sin cierta razón, unteatro callejero o un psicodrama. Nadie esperaba ya una revolución social en el mundo occidental. La mayoría de los revolucionarios ya ni siquiera consideraban a la clase obrera industrial —«la enterradora del capitalismo» de Marx— como revolucionaria, salvo por lealtad a la doctrina ortodoxa. En el hemisferio occidental, ya fuese entre la extrema izquierda latinoamericana, comprometida con lateoría, o entre los estudiantes rebeldes de los Estados Unidos, carentes de teoría, el viejo «proletariado» era incluso despreciado como enemigo del radicalismo, bien porque formase una aristocracia del trabajo privilegiada, bien por estar formado por patriotas partidarios de la guerra de Vietnam. El futuro de la revolución estaba en las (cada vez más vacías) zonas campesinas del tercer mundo, pero elmismo hecho de que sus componentes tuviesen que ser sacados de su pasividad por profetas armados de la revuelta venidos de lejos, y dirigidos por Castras y Guevaras, comenzaba a debilitar la vieja creencia de que era históricamente inevitable que los «parias de la tierra», de los que habla la Internacional, rompieran las cadenas por sí mismos. Además, incluso donde la revolución era una realidad, ouna probabilidad, ¿seguía siendo universal? Los movimientos en los que los revoluciona-

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EL DERRUMBAMIENTO

rios de los años sesenta depositaron sus esperanzas no eran precisamente ecuménicos. Los vietnamitas, los palestinos, los distintos movimientos guerrilleros de liberación colonial se preocupaban exclusivamente por sus propios asuntos nacionales. Estaban ligados al resto del mundotan sólo en la medida en que estaban dirigidos por comunistas con compromisos más amplios, o en la medida en que la estructura bipolar del sistema mundial de la guerra fría los convertía automáticamente en amigos del enemigo de su enemigo. Cuan vacío de sentido había quedado el viejo ecumenismo lo demostró la China comunista, que, pese a la retórica de la revolución mundial, seguía una...
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