La muerte de los arangos

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LA MUERTE DE LOS ARANGO (1955) José María Arguedas Contaron que habían visto al tifus1, vadeando el río, sobre un caballo negro, desde la otra banda donde aniquiló al pueblo de Sayla, a esta banda en que vivíamos nosotros. A los pocos días empezó a morir la gente. Tras del caballo negro del tifus pasaron a esta banda manadas2 de cabras por los pequeños puentes. Soldados enviados por laSubprefectura incendiaron el pueblo de Sayla, vacío ya, y con algunos cadáveres descomponiéndose en las casas abandonadas. Sayla fue un pueblo de cabreros3 y sus tierras secas sólo producían calabazas y arbustos de flores y hojas amargas. Entonces yo era un párvulo4 y aprendía a leer en la escuela. Los pequeños deletreábamos a gritos en el corredor soleado y alegre que daba a la plaza. Cuando los cortejosfúnebres que pasaban cerca del corredor se hicieron muy frecuentes, la maestra nos obligó a permanecer todo el día en el salón oscuro y frío de la escuela. Los indios cargaban a los muertos en unos féretros5 toscos; y muchas veces los brazos del cadáver sobresalían por los bordes. Nosotros los contemplábamos hasta que el cortejo6 se perdía en la esquina. Las mujeres iban llorando a gritos; cantabanen falsete el ayataki, el canto de los muertos; sus voces agudas repercutían en las paredes de la escuela, cubrían el cielo, parecían apretarnos sobre el pecho. La plaza era inmensa, crecía sobre ella una yerba muy verde y pequeña, la romaza. En el centro del campo se elevaba un gran eucalipto solitario. A diferencia de los otros eucaliptos del pueblo, de ramas escalonadas y largas, éste tenía untronco ancho, poderoso, lleno de ojos y altísimo; pero la cima del árbol terminaba en una especie de cabellera redonda, ramosa y tupida7. “Es hembra”, decía la maestra. La copa de ese árbol se confundía con el cielo. Cuando lo mirábamos desde la escuela, las altas ramas se mecían sobre el fondo nublado o sobre las abras de las montañas. En los días de la peste, los indios que cargaban losféretros, los que venían de la parte alta del pueblo y tenían que cruzar la plaza, se detenían unos instantes bajo el eucalipto. Las indias lloraban a torrentes, los hombres se paraban casi en círculo con los sombreros en la mano; y el eucalipto recibía a lo largo de todo su tronco, en sus ramas elevadas, el canto funerario. Después, cuando el cortejo se alejaba y desaparecía tras la esquina, nos parecíaque de la cima del árbol caían lágrimas y brotaba un viento triste que ascendía al centro del cielo. Por eso la presencia del eucalipto nos cautivaba; su sombra, que al atardecer tocaba al corredor de la escuela, tenía algo de la imagen, del helado viento que envolvía a esos grupos desesperados de indios que bajaban hasta el panteón8. La maestra
Tifus: Fiebre infecciosa acompañada de desórdenescerebrales y erupción de manchas rojas en algunas partes del cuerpo; es transmitida por cierta especie de piojo. 2 Manada: Grupo de animales cuadrúpedos salvajes que van juntos: ‘Una manada de lobos [de elefantes]’. 3 Cabrero: Pastor de cabras. 4 Párvulo: Niño; se emplea usualmente sólo para designar la escuela o clase de niños pequeños: ‘Un colegio de párvulos’. 5 Féretro: «Ataúd». Caja en que sepone una persona muerta para enterrarla. 6 Cortejo: «Comitiva». Conjunto brillante de personas que se trasladan solemnemente de un sitio a otro en una ceremonia oficial. 7 Tupido: Espeso: con los hilos muy juntos, de modo que no se transparenta. 8 Panteón: Monumento destinado a enterramiento de varias personas; por ejemplo, de una familia.
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presintió9 el nuevo significado que el árbol teníapara nosotros en esos días y nos obligó a salir de la escuela por un, portillo del corral, al lado opuesto de la plaza. El pueblo fue aniquilado. Llegaron a cargar hasta tres cadáveres en un féretro. Adornaban a los muertos con flores de retama10; pero en los días postreros las propias mujeres ya no podían llorar ni cantar bien; estaban roncas11 e inermes12. Tenían que lavar las ropas de los...
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