La ruta de orellana

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  • Publicado : 16 de febrero de 2012
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Alberto Vázquez–Figueroa



La Ruta de Orellana:

Seis mil kilómetros de selva





El interminable territorio del Amazonas es una atracción permanente para la aventura. Pero, aparte una auténtica pasión por lo desconocido y un arrojo probado, es imposible convertirse en explorador de aquella impenetrable selva sin conocer antes los riesgos de muerte –indios sanguinarios, anacondas,pirañas, caimanes, bandidos– que acechan a quien se atreva a recorrer una parte del inmenso territorio. Vázquez–Figueroa, ducho en estas lides por haber sido protagonista de varias expediciones, se propuso seguir las huellas de un explorador español, Francisco de Orellana, que en el siglo Xvi descubriera el Amazonas.

El inmenso avión comienza a descender; de los helados nueve mil metros, a lacaliente Guayaquil. Desde el aire, contemplo largamente el mar y la ciudad. El río Guayas, sucio y calmoso, que se ha venido abriendo paso desde las cumbres de los Andes, allá a lo lejos, parece desperezarse, cansino, en sus últimos kilómetros, antes de entregarse definitivamente al Pacífico.

Quiero detenerme a pensar en que voy a recorrer Sudamérica de parte a parte, de océano a océano, através de siete mil kilómetros de río, pero no lo consigo. Ahora todo cuanto me importa es la ciudad que me espera: Guayaquil.

¡Guayaquil! Su nombre me ha llamado siempre la atención; tiene algo de poético, de dramático quizá. Guayas fue un cacique indígena; Quil, su esposa. El día en que los españoles conquistaron sus tierras para establecerse definitivamente en ellas, expulsándolos, Guayas y Quilse suicidaron. Los españoles, impresionados, le pusieron su nombre a la ciudad.

En realidad Guayaquil fue fundada tres veces; la segunda de ellas por Francisco de Orellana, el tuerto trujillano, capitán de los ejércitos de Francisco de Pizarro, pero nunca he sabido a ciencia cierta si fue él o alguno de sus otros fundadores quien dio ese nombre a la ciudad.

Destruida por incendios y seísmos;asaltada por piratas e indios bravos, conserva muy poco, si es que conserva algo, de la que levantó Orellana en 1536, y hoy se ha convertido en el centro económico del Ecuador y uno de los más importantes puertos del Pacífico, por el que se exportan la mayoría de los productos ecuatorianos, sobre todo sus plátanos; infinidad de racimos de plátanos, de los que este pequeño país es el principalproveedor mundial.

No se puede decir que Guayaquil sea en verdad una ciudad agradable.

Demasiado caliente para nuestro gusto de europeos; demasiado activa y trabajadora para nuestro temperamento; demasiado igual a tantas otras ciudades americanas, para nuestras ansias de tipismo.

Insalubre –ya que fue necesario construirla al fondo de un pantano para defenderla de los ataques de indios ypiratas–, ha necesitado mucho esfuerzo para convertirse en la moderna ciudad actual que hace la competencia a Quito, aunque sea esta última la capital del país. Como ocurre con Madrid y Barcelona, Roma y Milán, Nueva York y Washington, Quito es la capital política y cultural del Ecuador, mientras que en Guayaquil reside su fuerza y su potencial económico.

No deseaba quedarme mucho tiempo allí, peroun guayaquileño acérrimo, Gastón Fernández –gerente general de la Corporación Ecuatoriana de Turismo–, se empeñó en que no podía irme sin haber visitado las playas de Salinas, o haber pescado el "marling" en Punta Carnero. Tuve que aceptar, y me llamó poderosamente la atención el paisaje que durante dos horas tuvimos que atravesar para llegar a Salinas, cruzando la pequeña península de SantaElena.

Pocas veces en mi vida, y salvo en el Sahara, he podido contemplar un desierto de semejantes características, en el que los árboles parecen clamar al cielo por una gota de agua para sus desnudas ramas; en que la tierra, de tan calcinada por el sol, se diría quemada por el fuego.

Es un paisaje realmente inhóspito; allí, tan cerca, sin embargo, de la exuberancia de los valles andinos; a...
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