El hombre sin cuerpo resumen

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  • Publicado : 9 de noviembre de 2011
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En un estante del antiguo Museo del Arsenal en el Central Park, entre colibríes, armiños, zorros plateados y periquitos de brillantes colores embalsamados, puede contemplarse una espectral galería de cabezas humanas. Sin mencionar ni al peruano momificado, ni al jefe maorí, ni al indio de cabeza chata, hablaré, sin embargo de una cabeza caucásica que ha tenido para mí un fascinante interés desdeque, hace poco más de un año, fue agregada a la siniestra colección.

Mucho me sorprendió la mencionada cabeza cuando la vi por primera vez. Me conquistó la pensativa inteligencia de sus rasgos faciales. Notable es el rostro aunque carezca de nariz y las fosas nasales estén en pésimas condiciones. Los ojos también están ausentes, pero las cuencas vacías poseen su propia expresión. La pielapergaminada se halla tan encogida que los dientes muestran sus mismas raíces en las mandíbulas. La boca ha sufrido mucho los efectos de la descomposición, pero lo restante manifiesta un fuerte carácter. Parece decir: "¡Salvo ciertas deficiencias de mi anatomía, contemplas a un hombre de grandes cualidades!". Las facciones de la cabeza son del tipo teutónico y el cráneo es el de un filósofo. Me atrajoparticularmente la vaga semejanza de este rostro destrozado con cierta cara que en una época me había sido conocida; un rostro cuyo recuerdo había quedado en mi memoria, pero que ahora me era inubicable.

No me sorprendí mucho, después de todo, cuando ya hacía casi un año que conocía a la cabeza, al ver que reconocía nuestra relación y expresaba su apreciación del interés amistoso que yo mostrabahacia ella guiñándome deliberadamente un ojo cuando me paraba ante su vitrina. Sucedió en un Día de Trustees. Era yo el único visitante en el salón. El fiel cuidador había salido a disfrutar una lata de cerveza con su amigo, el encargado de los monos. La cabeza me guiñó por segunda vez, aun con más cordialidad. Contemplé sus esfuerzos con el deleite crítico de un anatomista. Pude ver que elmúsculo masetero se flexionaba debajo de la piel correosa. Vi el juego de los glutinadores y el hermoso movimiento lateral de los músculos internos. Advertí que la cabeza estaba tratando de hablarme. Noté las contracciones convulsivas del músculo risorio y del zigomático mayor y supe que se esforzaba por sonreír.

"Aquí tenemos —pensé— un caso de vitalidad mucho tiempo después de la decapitación, o unejemplo de acción refleja donde no existe un sistema diastástico o excitador-motriz." En cualquier caso, el fenómeno no tenía precedentes y debería ser cuidadosamente observado. Además, la cabeza me manifestaba evidentemente su buena disposición. Encontré en mi llavero una llave que abría la puerta de vidrio.

—Gracias —dijo la cabeza—. Un poco de aire puro es realmente una delicia.
—¿Cómo sesiente? —pregunté cortésmente—. ¿Cómo se experimenta la falta del cuerpo?
Suspirando, la cabeza se sacudió con pesar.
—Daría —dijo a través de su mutilada nariz y usando, por razones obvias, los tonos pectorales con mucha economía—, daría ambas orejas por una simple pierna. Mi ambición es principalmente ambulatoria y, sin embargo, no puedo hacerlo. No puedo ni siquiera dar saltitos o caminarcomo los patos. De buena gana viajaría, vagaría, pasearía, circularía por los transitados senderos de los hombres, pero estoy encadenado a este maldito estante. No estoy mucho mejor que esas cabezas de salvajes... ¡yo, un hombre de ciencia! Estoy obligado a quedarme aquí, sobre mi cuello y ver a las gallinetas y cigüeñas a mi alrededor con piernas en abundancia. Contemple las piernas de aquellasaves. Mire esos porfirios de cabezas grises. No tienen sesos, ni ambición, ni anhelos. Sin embargo, tienen patas, patas, patas, en profusión —Lanzó así una mirada envidiosa hacia el lugar donde se mostraban las atormentadoras extremidades de las aves en cuestión y agregó lúgubremente—: No queda de mi persona material suficiente como para componer un héroe de las novelas de Wilkie Collins.

No...
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