Indisciplina

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Indisciplina escolar: la frivolización de una problemática preocupante
BEATRIZ RABASA SANCHIS/
Sabido es cómo durante los últimos meses los medios de comunicación se vienen preocupando periódicamente del fenómeno de la indisciplina en los centros educativos. De hecho, el súbito interés mostrado por los periodistas y políticos por una situación ya conocida, padecida y denunciada sin éxito porlos sufridos docentes vino motivado por un terrible hecho: el desgraciado suicidio, en septiembre del 2004, de Jokin, adolescente de 14 años, víctima de un acoso sistemático por parte de sus compañeros. Tras este dramático suceso, el fenómeno de la indisciplina escolar se ha puesto de moda. Pero, inmersos como estamos en una sociedad poco dispuesta a reflexionar sobre los problemas que la aquejan,el asunto de la indisciplina escolar y sus manifestaciones, plasmadas en las agresiones entre alumnos así como contra los profesores, está recibiendo el mismo tratamiento que el que merecen otros asuntos similares: se frivolizan, incapaces de ahondar en sus causas, y ávidos de titulares sencillos se acaba trasmitiendo una mera caricatura de la realidad.

Ante esta situación, si el lector me lopermite, me gustaría compartir unas breves reflexiones que espero contribuyan a clarificar un poco el complejo escenario existente.

En primer lugar, quisiera recordar que, durante los dos últimos cursos escolares, el sindicato CSI-CSIF, al que represento, ha presentado en el seno de la Junta de Personal Docente de Valencia dos Propuestas de Resolución reclamando más disciplina en los centrosdocentes y más autoridad para los profesores, siendo tachados de defender trasnochados modelos de autoritarismo, y recibiendo el unánime rechazo de todas las restantes organizaciones sindicales; curioso, cuando menos, si observamos la súbita preocupación de muchos de estos sindicatos por un tema que, durante estos años, les parecía meramente anecdótico. Posiblemente el rechazo unánime de nuestraspropuestas fue motivado por un prejuicio, muy extendido, que equipara autoridad con autoritarismo, establecimiento de límites y normas de conducta en el aula con imposición de modelos fascistoides. Mal camino seguimos si fijar unas normas de convivencia basadas en el mutuo respeto se interpreta como un intolerable ataque a la libertad de los adolescentes.

Por otra parte, cuando el Consell de laGeneralitat preocupado por los casos de indisciplina, preocupación que le honra, decidió crear, en octubre de 2004, el Observatorio para la Convivencia Escolar en los Centros de la Comunidad Valenciana, aplaudimos la decisión, pero ya entonces manifestamos la conveniencia de contar para un tema de esta naturaleza con la opinión de todos los agentes sociales. Nuestro deseo no se vio cumplido y elmáximo foro de participación de la comunidad docente, el Consejo Escolar Valenciano, ha desempeñado en las actuaciones de este Observatorio un papel meramente pasivo. Quizás la composición de este Observatorio responda a otro prejuicio también muy frecuente, la creencia de que reuniendo sesudos expertos, muy capacitados pero desconocedores de la realidad, en este caso, de la realidad de nuestras aulas,se pueden concebir magníficos programas de intervención. Desgraciadamente los proyectos diseñados en los despachos, basados en las brillantes teorías, no se concilian bien con la cruda realidad.

En tercer lugar, quisiera recordar que, sin negar los numerosos episodios de indisciplina que perturban la convivencia en las aulas y generan un profundo malestar en el profesorado, también es ciertoque resulta inaceptable el enfoque alarmista utilizado por muchos medios de comunicación, ávidos de incrementar su audiencia a cualquier precio. La frivolidad de este tratamiento mediático que no tiene reparos en emitir, como ha ocurrido recientemente, vídeos de agresiones para alentar el morbo revela una sociedad profundamente irresponsable.

Finalmente, me gustaría manifestar mi convicción...
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