Introduccion

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CONFERENCIAS DE INTRODUCCIÓN AL PSICOANALISIS

21ª CONFERENCIA. DESARROLLO LIBIDINAL Y ORGANIZACIONES SEXUALES [1916-17]
Sigmund Freud. Vol. XVI. Amorrortu.

Señores: Tengo la impresión de que no he logrado convencerlos suficientemente de la importancia de las perversiones para nuestra concepción de la sexualidad. Por eso procuraré, hasta donde me sea posible, mejorar y complementar miexposición. No es que las perversiones solas nos compelieran a introducir en el concepto de sexualidad esa modificación que nos atrajo un disenso tan violento. Todavía más contribuyó a ello el estudio de la sexualidad infantil, y la concordancia de ambas cosas fue decisiva para nosotros. Pero las exteriorizaciones de la sexualidad infantil, por inequívocas que puedan ser en los últimos años de lainfancia, parecen al comienzo perderse en lo indeterminable. Quien no quiera tomar en cuenta la historia evolutiva ni el contexto analítico, les impugnará su carácter sexual y, a cambio, les atribuirá un carácter indiferenciado cualquiera. Recuerden que por ahora no poseemos una señal universalmente admitida que permita determinar la naturaleza sexual de un proceso, a menos que otra vez recurramos a suvínculo con la función de reproducción, que tenemos que rechazar por demasiado mezquino. Los criterios biológicos, como las periodicidades de 23 y 28 días establecidas por W. Fliess [1906], son todavía enteramente cuestionables; las propiedades químicas de los procesos sexuales, cuya existencia estamos autorizados a sospechar, esperan aún ser descubiertas. En cambio, las perversiones sexuales delos adultos son algo aprehensible e inequívoco. Como ya lo prueba el nombre que se les da, universalmente admitido, pertenecen sin lugar a dudas a la sexualidad. Puede llamárselos signos degenerativos o de otro modo, pero nadie ha osado sostener que no son fenómenos de la vida sexual. Ellos nos autorizan a formular este aserto: sexualidad y reproducción no coinciden; en efecto, es evidente quetodos ellos desmienten la meta de la reproducción. Veo ahí un paralelismo que no deja de ser interesante. Mientras que para la mayoría «conciente» y «psíquico» son lo mismo, nosotros nos vimos precisados a ampliar este último concepto y a admitir algo

psíquico que no es conciente. Y sucede algo muy parecido cuando otros declaran idénticos «sexual» y «perteneciente a la reproducción» -o, siquieren decirlo más brevemente, «genital»-, mientras que nosotros debemos admitir algo «sexual» que no es «genital» ni tiene nada que ver con la reproducción. Esta es sólo una semejanza formal, pero que tiene una base más profunda. Ahora bien: si la existencia de las perversiones sexuales es en esta materia un argumento tan concluyente, ¿por qué no ha producido su efecto desde hace ya mucho, zanjando lacuestión? En realidad, no lo sé. La razón estriba, me parece, en que sobre estas perversiones sexuales pesa una interdicción muy particular que se extiende a la teoría y estorba también su consideración por parte de la ciencia. Como si nadie pudiera olvidar que no son sólo algo abominable, sino también algo monstruoso, peligroso; como si se las juzgara seductoras y en el fondo hubiera querefrenar una secreta envidia hacia quienes las gozan, quizá como lo confiesa el landgrave castigador en la famosa parodia de Tannhäuser:

«¡En el monte de Venus olvidó honor y deber! ¡Qué raro que a nosotros no nos pasen estas cosas!» (Ver nota)

En verdad, los perversos son más bien unos pobres diablos que tienen que pagar un precio altísimo por esa satisfacción que tan trabajosamente se conquistan.Lo que confiere un carácter tan inequívocamente sexual a la práctica perversa, a pesar de la ajenidad de su objeto y de sus metas, es la circunstancia de que el acto de la satisfacción perversa desemboca no obstante, las más de las veces, en un orgasmo completo y en el vaciamiento de los productos genitales. Desde luego, esto no es sino la consecuencia de la madurez de las personas; en el niño...
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