La paz y nosotros

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  • Publicado : 22 de marzo de 2011
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He venido escribiendo estas semanas sobre los momentos sobresalientes del tiempo que estamos viviendo. No cabe la menor duda de que la Resurrección de el Crucificado, ha sido para todos nosotros una sorpresa significativa por su hermosura, y luminosa del todo, de la misma manera que lo fue para los apóstoles que no acababan de entender la alegría enorme que en su corazón se albergaba. Y es que esclaro, la Resurrección de Jesús, o nos toca a fondo en la realidad de nuestro ser, para transformarla, porque ese es nuestro tema, o nos deja fríos y atemorizados como sucedió con los sacerdotes y jefes del pueblo de Israel, que condenaron a Jesús, porque su conciencia negra se lo exigía, pero, una vez resucitado, no saben qué hacer con los apóstoles, que predican a este mismo Jesús Resucitado,pues habían creído que, muerto Jesús, desaparecerían los problemas. Tan lejos estaban de lo que Cristo decía, para bien de los hombres...

Los apóstoles que son nuestra mira en todo tiempo y lugar, vemos que tienen miedo a los judíos, y se reúnen en el mismo lugar de la cena para esconderse, porque la paz les había abandonado, desde el momento en que la confusión se albergó en su corazón, y nosupieron qué hacer con el don de haber conocido a Cristo. Están entre la duda y la esperanza que no es un modo psíquico de vivir en paz con uno mismo, y menos de hacerla existencialmente participativa, si todos los que conviven con ellos, sienten el mismo problema.

Es cierto que la duda seria, de unas personas con otras, hace imposibles ciertos valores existenciales que tienen que ver con laseguridad de lo humano en cuanto tal, y que, incluso, esta duda crea incertidumbre profunda sobre el qué y el hacer de nuestra vida futura con respecto a las amistades o relaciones, abiertas y claras antes de la duda. Y así se manifiesta en la actitud de los discípulos que viajan a Emaús, para los que el mundo con todos sus atractivos e ilusiones ha desaparecido. Para ellos, Jesús lo había sido todo,era un hombre grande en hechos y dichos, les escuchamos que nos dicen, pero su muerte crea la duda y la incertidumbre en su corazón, ya que la tristeza, por la muerte de Jesús, nos da la impresión de que les lleva, de momento, a un mundo desconocido, desarticulado del ser suyo, abierto, que han venido manteniendo con su maestro, no precisamente a Jerusalén, donde volverán, convertidos, cuandoencuentren el sentido de sus vidas.

Hoy nosotros nos desenvolvemos también entre la duda fuerte de esta Resurrección de Jesús, son muchos los que efectivamente a la hora de la verdad se alejan de su fe, rechazando al maestro, y, de hecho, mucha de nuestra juventud hoy cree en la reencarnación, a pesar de la incoherencia que ello supone cuando tratamos de resolver el problema de nuestras propiasresponsabilidades personales, y con los demás. De todas las maneras, es evidente que ello repercute también en nuestro vivencias personales y nos manifestamos con suficientes problemas serios en nuestro interior, y en nuestro mundo social, como para que podamos creernos, y vivir en paz.

Y yo diría que la paz es una obsesión del Señor, pues, no hay aparición después de Resucitado, en que no sedirija a su discípulos diciéndoles: la paz esté con vosotros. Y es que, evidentemente, ella es un presupuesto a la realidad humana, la que se entiende como caracterización de los valores más humanos y tiernos del hombre y la mujer.

La paz implica una interioridad clara a todo dar. Diría yo, que somos como espejos con nosotros mismos, y unos con otros, cuando efectivamente vivimos en paz. En otraspalabras, necesitamos un pensar que sea coherente con el obrar. Y esto es lo que hoy nos hace falta . Vivimos sin paz en los hogares, pero vivimos también sin paz en las empresas donde uno intenta ponerse por encima del otro sin pensar en responsabilidades mayores, aserruchándole el piso, como decimos normalmente entre nosotros, y esto evidentemente nos tiene que quitar la paz. Pero en el mundo,...
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